El oceanógrafo francés dedicó su vida a la divulgación marina
(Canal Voz ) - 22 de septiembre de 2011
Surcó los océanos durante 40 años, y acercó el silencio y la belleza marina a través de un mensaje que todavía hoy conserva su vigencia. Jacques-Yves Cousteau nació en 1910 cerca de Burdeos. Desde los trece años se apasionó por el cine, y descubrió los fondos marinos del mar Mediterráneo en Marsella donde se instaló con su familia. Ahí empezaría a desvelar y divulgar los secretos de un espacio tan cercano como desconocido. Ingresó en la Academia Naval Francesa en 1930, y, tras servir en Extremo Oriente y aprender a pilotar aviones, en 1943 probó por primera vez una máscara subacuática. Durante mucho tiempo, la movilidad en el fondo marino era una tarea complicada debido a la pesadez del buzo con escafandra siempre unido a la cuerda salvavidas. En 1943, en plena lucha clandestina contra la ocupación alemana, Cousteau inventó en colaboración con el ingeniero Émile Gagnan, la escafandra autónoma, un descompresor para vehículos de gasógeno, el equipo de respiración submarina basado en aire comprimido contenido en una botella. La patente del "Aqua-Lung", y los derechos de fabricación del aparato por parte de la empresa Aqualung, que sigue siendo hoy número uno del mercado de equipos de buceo, hicieron la fortuna de los dos hombres. A partir de entonces, Cousteau buceó por todo el mundo con ayuda de su invento, filmando restos de la guerra para la Marina o restos arqueológicos por puro placer de aficionado y se entusiasmó por la oceanografía. En 1950 Guinness, un mecenas inglés, compró para él un antiguo dragaminas británico, que transformó en un navío oceanográfico, el Calypso, protagonista desde entonces de las aventuras del comandante Cousteau. Cine y televisión Su legado no quedó solo en el Aqua-Lung ya que hasta el final de su vida se dedicó a la investigación cinematográfica. A partir de ella surgió la mayor parte del material fotográfico que su equipo produjo a través de más de cincuenta años de experiencia. La mayor producción fotográfica del comandante proviene de las películas submarinas rodadas desde sus primeras inmersiones hasta el advenimiento de la banda magnética. De su mano quedaron para el patrimonio de la humanidad miles de kilómetros filmados, decenas de libros, enciclopedias, y la herencia de una vida dedicada a la defensa del planeta. Hasta 1940, los científicos disponían de poco material para la investigación. Hoy en día existe una amplia red de laboratorios marinos en todo el mundo que emplean el material subacuático diseñado originalmente por Cousteau. A menudo descrito por los biólogos marinos más como un comunicador que como un científico empírico, Cousteau dio a conocer el océano y sus criaturas a la gente que no leía la prensa científica. De entre los muchos papeles desempeñados en su vida, destaca su capacidad para ver el futuro en las profundidades oceánicas. Con el fin de acercar el mundo submarino al espectador, diseñó también una cámara destinada especialmente a las grabaciones submarinas, con la que empezó a trabajar en sus inmersiones oceánicas. Tras la película Pecios (1945), Cousteau rodó Paisajes del silencio (1947), Tarjeta de inmersiones (1950), El mundo del silencio y El mundo sin sol (1964). Dirigió también el programa experimental de supervivencia en el fondo marino, denominado «Precontinente», en el que se utilizó habitáculos submarinos y cámaras de descompresión. Su curiosidad infinita y su preocupación por la contaminación fueron el germen de su legado. Su pasión por el mar es la base de un mensaje que mantiene frescura y sobrevive a las generaciones durante hace más de 50 años.
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